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Fiestas mexicanas con nieve?

Por Edgardo Jiménez

El pasado 15 de septiembre pudo haber sido como cualquier otra noche. Presenciar el grito que conmemora un aniversario más de nuestra indepencia de España no se ha tornado sólo en tradición familiar para disfrutar de tamales, pozole, quesadillas y tacos, sino una forma de recuperar nuestro nacionalismo casi inexistente y cada vez más golpeado por la inestable economía que poseemos; de alejarnos de las declaraciones grises de funcionarios y políticos que en lugar de brindar esperanza, muestran el cinismo de nuestra clase política. No obstante, dicha fecha cambia sus tintes cuando se vive fuera de México.

El reconocerse como extranjero, lejos de su país por varios meses, y con pocos contactos a sus raíces trasforma lo aburrido de la celebración y lo vuelve en un evento lleno de nostalgia.

"Amor eterno" o "Mujeres divinas". La música de los Tigres del Norte, aquel "Viva México" repetido tres veces, e incluso el poco conocido himno nacional adquieren una fuerza y color distinto. Los mexicanos que se hallaban ahí eran eso, mexicanos. Ilegales o legales, pobres o ricos, algunos nacidos aquí, pero la mayoría inmigrantes. Varios acompañados por parejas de otras culturas.

Cuándo iba a pagar casi 20 pesos por un tamal o diez pesos por un solo taco de canasta. Una corona o una Sol costaba 40 varitos o qué decir del esquites con grano de maíz dulce.

La distancia mata.

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