
Desde el principio esta página fue concebida como un espacio donde expresar mis emociones y poner orden a mis ideas. Durante todo este tiempo me he abstenido de hacer comentarios políticos pues suficiente he tenido en mi vida de eso. No obstante, lo que vivo a la distancia de México a menos de un mes de las elecciones presidenciales me empuja a hacerlo en esta ocasión.
Sé que los medios de comunicación siempre tienen y tendrán una agenda política que seguir. Eso está demostrado incluso en los países más avanzados democráticamente como Francia. Sin embargo, la primera y más importante responsabilidad del denominado “cuarto poder” es la de informar, analizar y crear registro de la historia vendrán despues. Pero dónde queda la ética de un medio de comunicación cuando lo que antepone a la verdad son sus intereses.
Tal es el caso de La Jornada, diario mexicano que se ha creado fama en el extranjero de ser el único periódico “de izquierda” por abordar temas que otros no miran. Personalmente colaboré con ellos durante seis meses, en los cuales observé las políticas del grupo en el poder, que dicho sea de paso intenta actualmente imponer por un nuevo periodo de cuatro años a Carmen Lira, no importa si es necesario barrer con las normas internas del diario y del sindicato, o bien aplastar los principios en que fue fundado el periódico. Hay que decirlo, el supuesto proyecto de una revista con el que justificaron la eliminación de los suplementos y por el cual han renunciado algunos importantes colaboradores es uno más de los tantos atropellos al derecho de los trabajadores. Pagarles sus aguinaldos del año pasado con sus propios fondos de retiros es otro más. Pero el manejo interno del diario no es grave para el país en comparación con su manejo de la información. Empecinados con apoyar a Andrés Manuel López Obrador (y allegarse recursos financieros al mismo tiempo), La Jornada ha comenzado a cazar brujas en las huestes del PRI y del PAN. En una por demas evidente campaña sucia, dicha publicación tiene el objetivo de desprestigiar todo lo que no huela a perredismo. Las pruebas ahi están. Dos semanas atrás, el ex empresario Carlos Ahumada amenazó con mostrar una serie de videos en su posesión de los cuales afirmó: “AMLO saldrá lastimado”. Dicho acontecimiento atrajó la atención de toda la prensa, por lo que planas y planas fueron escritas sobre el tema. La Jornada siguió con cuidado los eventos, pero no dudaron un instante dedicar la portada de varios ejemplares al escándalo del cuñado incómodo de Calderon Hinojosa para demostrar la clase de político que es. Como si AMLO no tuviera su pasado y su realidad obscura. Leer actualmente La Jornada es como leer al vocero oficial de la campaña perredista. Sus notas informativas sobre el candidato de la “izquierda” y la forma de exaltarlo. La información sobre el resto de sus contrincantes. La sección de opinión sólo carece de los colores oficiales del PRD y en ocasiones pienso que los articulistas (varios de ellos, no todos) deberían agregar asimismo su cargo en el partido como “Secretario de Relaciones Públicas y Alianzas” o “Secretario de Comunicación Social”.
La democracia exige medios de comunicación responsables, fieles a la verdad y a los intereses de la sociedad para la que trabajan, no sólo a los intereses económicos, o si no se covierten en medios contradictorios como La Jornada que jamás se cansa de acusar las políticas neoliberales y el maltrato que las altas clases del poder otorgan al país sin mirar que ellos mismos reproducen integramente dichas acciones. El pequeño grupo al frente del diario aprende bien y supera pronto al maestro.