Esta mañana recordé aquel aniversario en el que como todos los años mis padrinos Chela y Poncho llegaron de visita. Esa ocasión fue diferente pues en lugar de una caja grande envuelta con hartos colores, mi madrina cargaba delicadamente en su mano izquierda un paquete mucho más interesante. Era de una forma rectangular, negro y encima traia un moño naranja (de pequeño mi color favorito siempre fue el naranja). Pronto pasamos a la sala y los adultos comenzaron con sus largos protocolos de diplomacia. Yo tendría ocho años tal vez y los niños de esa edad no entendemos de esas cosas. Yo sólo estaba preocupado por mi futuro obsequio, por destrozar la cobertura y arrojarla a la basura. Luego de varios minutos de angustiosa espera, tres cubas y un tequila servidos llegamos al momento, no esperado, anhelado. Comencé a hacer lo propio y rápido llegué a la caja. Con escaso cuidado la abrí y descubrí..., (en unos dias la segunda parte)